El cambio fermenta en el sector del vino y la cerveza

El sector de la cerveza asiste en los últimos años a una serie de movimientos que afectan a las grandes marcas. El diario ‘Le Monde’ habla, en un amplio artículo, de “la guerra interminable” entre los “gigantes” de este rica bebida. Ilustra la situación la opa hostil que la británica SABMiller lanzó esta semana sobre la australiana Foster’s, y que finalmente no ha terminado de cuajar. El monto de la operación: la friolera de casi 7.000 millones de euros.

Pero lo que queda patente con los datos que ofrece el artículo, es que la relevancia mundial de las grandes marcas, su presencia en el mercado, se estrecha a ojos vista. El número uno de ventas, Budweiser, tan solo alcanza un 4,8% del volumen de negocio mundial. Todos los grandes se pasan a la “ofensiva”, fusión mediante, para no quedarse atrás en una carrera en la que la unión hace la fuerza. Lo demuestra el líder AB InBev (Budweiser, Stella Artois…) que, gracias a su política integradora, goza del 18% de la cuota de mercado, y una cifra de negocio de 25.000 millones de euros en 2010.

Todo ello se puede entender como un contexto propicio para que afloren marcas alternativas, o pequeñas cerveceras que, por su producto diferenciado, puedan plantar cara a los grandes grupos. Como asegura ‘Le Monde’, el mercado de cerveza de “gran calidad” aumenta día a día. Sin olvidar la importancia de los países emergentes como destinos exportadores: China es el primer consumidor mundial de cerveza, con 45.000 millones de litros vendidos en 2010, casi el doble de los 23.000 que se dispensaron en EEUU. Es en esos países donde la demanda está poco menos que “explotando”, mientras que en otras regiones, debido a las campañas de prevención del alcoholismo, su consumo se pudiera estar reduciendo.

Y sin salir de las bebidas fermentadas, se comienza a hablar de nuevas latitudes para el cultivo del vino, hasta ahora exóticas. Etiopía es un destino interesante, según cuenta la prensa francesa, puesto que cuenta con grandes extensiones en absoluto áridas, como cabría pensar. Por eso el grupo francés Castel confía en producir unas 800.000 botellas por año en Etiopía, en una iniciativa que el entorno local celebra, ya que ayudará a mejorar la imagen del país y, quizá, a a atraer a nuevas inversiones foráneas.

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