Polonia o la emergencia de la otra periferia europea

La crisis del euro no es la crisis de la Unión Europea, sino de la eurozona. Polonia, estado miembro pero con divisa propia, sigue arrojando datos económicos propios de las economías emergentes. Esto se puede constatar en el extenso artículo que recientemente le dedicadaba el ‘Financial Times’ a los siete años transcurridos desde la entrada de Polonia en la UE. Desde 2004, el país se ha beneficiado de los 67.000 millones de euros llegados desde Bruselas como fondos para proyectos, en su mayoría, de infraestructuras. Hoy en día, Polonia es uno de los países europeos con una economía más robusta: para este año se estima que su crecimiento será del 4%. En los próximos meses se decidirá el destino de los fondos europeos para el periodo comprendido entre 2014 y 2020, y el futuro del país polaco dependerá en buena medida de que siga recibiendo dinero. En tiempos de crisis, se ha vuelto a reabrir el debate sobre la pertinencia de los fondos, aunque Polonia los defiende aduciendo su carácter de inversión altamente rentable no sólo en terminos sociales, sino también econonómicos: por cada euro que llega, 36 céntimos se derivan a bienes procedentes de otros países miembros. En los proyectos internos colaboran empresas extranjeras, como sucede en la construcción de carreteras, a cargo del consorcio polaco-español Budimex-Ferrovial Agroman.

La emergencia de Polonia ha suscitado el interés de sus vecinos más poderosos. Según leíamos a finales de agosto en ‘The Wall Street Journal’, OAO Sberbank, la institución de crédito más importante de Rusia, prepara su desembarco en el país. Los planes del banco ruso pasan por comprar el Kredyt Bank, controlado por el KBC y valorado en 1.300 millones de dólares, y el Bank Millenium, en manos del Banco Comercial Portugues y con un valor estimado de 1.800 millones de dólares. Más allá del interés comercial, la operación es un importante paso hacia la normalización de las relaciones de dos países históricamente enemistados. Esta semana, también en el ‘WSJ’, se ha publicado un análisis  sobre la emergencia de la ‘otra’ periferia europea, la que se extiende en la parte más oriental. Se resalta como especialmente llamativo el comportamiento de la economía de Polonia, recordando que es uno de los países más extensos de la UE, aunque poco desarrollado. En el segundo trimestre del año, su economía ha crecido un 4,5%. El 26% de las exportaciones polacas tienen como destimo Alemania. Junto a Chequia, Hungría y Rumanía, Polonia dispone de su propia divisa, lo que les da un mayor margen de maniobra en política monetaria.

 Hacia Polonia se movilizan no sólo inversiones, sino que también es reclamo laboral, pues el país se enfrenta a un contratiempo para la explotación de sus importantes reservas de gas esquisto: la fata de mano de obra cualificada. Según Jakub Kostecki, presidente ejecutivo de la empresa con sede en Varsovia New Gas Contracting, “hay unos 1.000 puestos de trabajo relacionados con el gas esquisto en la actualidad, pero durante los próximos diez años habrá entre 50.000 y 100.000”.

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