Análisis Masscom: cerveza negra, whisky y tierras

En una época de especulación y de bienes cada vez más intengibles como todos los del entorno de las nuevas tecnologías (hay tenemos fresca la compra de Instagram por Facebook, como paradigma de esas operaciones de estos ‘tiempos líquidos’, que diría el filósofo), apostar por productos físicos, de alimentación, no deja de ser una opción estimulante.

¿Un comienzo? La cerveza negra. Tras prácticamente cien años de dominio de la irlandesa Guiness, la intensa y cremosa ‘stout’ se abre ahora a las nuevas cervecerías (breweries), que ofrecen a sus clientes sabores más sutiles y una cuidada elaboración artesanal. Como indica este artículo de ‘The Guardian’, el consumo de esta bebida se encontraba en declive en los últimos años, pero gracias al tirón de los pequeños fabricantes se ha recuperado el ritmo de las ventas. Unas marcas alternativas que han sabido conquistar a la nueva generación de consumidores de bebidas alcohólicos, el nicho más cotizado por los grandes grupos como Diaego, que enfoca sus campañas hacia esta incipiente clientela, para ganar su fidelización.

También se muestra dinámico el sector del whisky, como informa ‘The Times’ en este artículo. En él, leemos que el productor del whisky Maker’s Mark celebra estos días la adquisión de la marca Pinnacle, asegurando que la operación le ha permitido entrar en el “dulce nicho del vodka”. Pinnacle es conocida por sus vodkas de sabores, que incluyen variedades dulces como Cookie Dough, Chocolate Chip, Marshmallow o Gummy and cake, y ha sido adquirida por Beam Inc por 605 millones de libras, en un acuerdo que incluye también el ron Calico Jack. La marca amplia así un espectro de bebidas que ya incluya diversos bourbon, como Jim Beam o el whisky escocés Laphroaig.

Cerveza y whisky como productos con proyección, pero para cuya elaboración se necesitan materias primas, en una Europa que ve su capacidad agrícola cada vez más reducida. Este jueves leíamos en ‘Le Monde’ que el antiguo presidente del grupo de inversiones que llevaba su nombre, uno de los más importantes del mundo, Gerard Louis-Dreyfus, ha decidido apostar por las tierras agrícolas rusas. Cada segundo, 26 metros cuadrados de tierras de cultivo desaparecen en Francia, advertía en 2011 el sindicato Jeunes Agriculteurs, lo que parece ser uno de los motivos del interés inversor de Dreyfus en Rusia, habida cuenta de la necesidad de las potencias de contar con abundantes reservas de materias primas, a precios competitivos.

Otra pista para que el inversor despierto sabrá recoger.

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