Sombras y luces de la economía española: datos para un debate

¿Está mejorando la economía española, como se insinúa desde el Ejecutivo?¿O acabamos de entrar en un año que será incluso peor que 2012, como apuntan algunas cifras? Para enriquecer el debate, esta semana hemos seleccionado algunos artículos y noticias de la prensa internacional.

Cierto es que, en lo que se refiere a España, los datos macroeconómicos denotan cierta esquizofrenia: por un lado, desde junio la demanda de bonos soberanos españoles ha ido en ascenso, como las bolsas de valores del país, al tiempo que las especulaciones sobre un rescate financiero han desaparecido; por otro lado, el FMI vaticina un empeoramiento de la recesión este año, Citibank publicaba el pasado jueves una nota en la que describía la situación  de España en la actualidad como “peor que hace seis meses”,  sin que haya visos de cambio; la destrucción de empleo sigue a un ritmo constante; y, finalmente, el número de empresas que se declararon en bancarrota en el último trimestre de 2012 aumentó un 40%, hasta las 2.584. Pero abundando en el optimismo, en FT hemos leído que César Alierta, presidente de Telefónica, expuso durante una entrevista concedida a FT los planes de la empresa para vender entre un 10% y un 15% de sus negocios en Latinoamérica. Con el cambio de año, no obstante, las condiciones en los mercados de bonos corporativos han mejorado mucho para los grupos españoles, consiguiendo la propia Telefónica colocar en enero 1.500 millones de euros en títulos a diez años, en lo que ha sido la mayor venta desde 2006. Este nuevo contexto ha propiciado que el que es el mayor operador de telecomunicaciones de la UE por valor mercantil aparque de momento sus planes para vender parte del negocio latinoamericano.

Pese a la destrucción de empleo, el gobierno de Rajoy sigue defendiendo con ahínco su reforma laboral. Así, esta misma semana Luis de Guindos, titular de Economía, restaba importancia al  aumento del desempleo cosechado en 2012 explicando que la subida de la tasa habría sido mucho mayor de no haberse realizado la reforma. “A la reforma laboral hay que darle tiempo (…) Se verá que a medida que pasan los meses, la mayor flexibilidad,  la moderación que se ha incluido en el comportamiento de los agentes sociales va a ser positiva y va a ser una ayuda importante para la recuperación económica”, declaró de Guindos antes de iniciarse la reunión del Ecofin. Sobre la reforma laboral hemos leído un muy interesante artículo en FT, en línea con los argumentos de Guindos: ‘La reforma del mercado laboral de Europa va cogiendo forma’, era su titular. Si tomásemos la industria automotriz como indicador del progreso de las reformas económicas emprendidas en Europa, España sería el país más adelantado. En la planta que Nissan tiene en Barcelona, por ejemplo, se invertirán 130 millones de euros para elevar la producción hasta los 80.000 automóviles al año, después de que sindicatos y dirección pactasen un recorte de salarios y empeoramiento de las condiciones laborales a cambio de evitar despidos e impulsar nuevas contrataciones. Ford, Renault y Volkswagen están siguiendo el ejemplo de la firma japonesa, aumentando su producción en las plantas españolas gracias a la reducción de los costes salariales. Si bien es cierto que la industria del automóvil se queda muy pequeña para absorber los seis millones de desempleados que tiene el país, los datos muestran que se puede crear empleo en sectores no asociados a la construcción, aquel cuyo colapso originó la monstruosa tasa de desempleo que tiene hoy España. Desde mediados de 2008, la productividad española ha aumentado ocho puntos, gracias fundamentalmente a una reforma de la legislación laboral que ha flexibilizado las condiciones para pactar los sueldos entre empresas y trabajadores.                                                                                                                                                                                                      

En clave negativa, merecen ser reseñados dos artículos. ‘The Economist’ ha valorado críticamente la comparecencia de Mariano Rajoy junto a varios de sus ministros en un foro organizado por el propio semanario. Uno de los mensajes más repetidos por la delegación española fue que la economía del país está ahora mucho mejor que hace seis meses: la balanza de pagos ha mejorado considerablemente, los inversores foráneos han vuelto a comprar deuda soberana, la reestructuración del sistema bancario sigue adelante, y el déficit está descendiendo. Con todos esos datos, el debate sobre si España debe ser rescatada se ha esfumado. Para ‘The Economist’ no es todo de tan color de rosa, y apunta a un problema muy concreto pero de gran trascendencia: la falta de crédito. Según las estimaciones de Barclays, el crédito bancario se contraerá a un ritmo del 6%-7% anual hasta 2016. Dado que gran parte del PIB español lo producen las pequeñas y medianas empresas, cuya supervivencia depende en gran medida de la capacidad de financiación bancaria (no pueden, por ejemplo, emitir bonos corporativos como hace Telefónica), esa carencia lastrará negativamente el crecimiento durante bastante tiempo.                                                                                                         

Finalmente, en FT firma un artículo de opinión  Angel Pascual-Ramsay, presidente del  Centro de Economía Global y Geopolítica de la escuela de negocios Esade. Según Pascual-Ramsay, el principal problema de la economía española no radica en que una clase política corrupta esté lastrando el dinamismo de sus empresas, sino en que hay una oligarquía política, pero también económica,  que reprime cualquier intento de innovación. Durante décadas, las grandes corporaciones han operado en el país protegidas por los sucesivos gobiernos. Ha sido la elevada tasa de beneficios de esas empresas, más que un aumento excesivo de los salarios como tan a menudo se cree, lo que ha provocado una caída en la productividad de la economía española. Economía que por otro lado se ha basado en bienes de poco valor añadido, sin que se haya invertido en capital humano e I+D, alimentando un sistema que con la globalización no puede seguir funcionando: es necesario que el país encuentre nuevos nichos de mercado aprovechando una generación de jóvenes altamente cualificados. La oligarquía que denuncia el autor está constituida por grandes empresarios, políticos y cúpulas sindicales, que permiten la persistencia de unos esquemas laborales que dejan en el paro a millones de jóvenes. Pascual-Ramsay concluye instando a la UE a seguir imponiendo reformas, ya que esa oligarquía tiende al inmovilismo para seguir perpetuándose en el poder.

130215 Sombras y luces

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