Análisis Masscom: el escándalo de la carne de caballo

 

Aunque la noticia  saltaba hace ya algunas semanas, su alcance se mantiene en el tiempo: esta semana hemos conocido nuevos datos y reacciones de lo que se ha dado en llamar ‘el escándalo de la carne de caballo’.

El  martes leíamos que Nestlé, el mayor productor de alimentos del mundo, y JBS, líder en la producción de carne vacuna,  se veían salpicadas por el escándalo. El grupo suizo retiró de los supermercados de España e Italia sus productos Buitoni Ravioli y Buitoni Tortellini y suspendió la entrega de todos los alimentos que contuviesen carne y procediesen del suministrador alemán H.J. Schypke, tras comprobar mediante unas pruebas genéticas que en ellos había restos de carne equina. H.J. Schypke  operaba como una subcontrata de JBS, empresa brasileña que intentó distanciarse del escándalo aduciendo que la firma alemana seguía sus propias directrices, sin relación con ella. Al día siguiente se anunciaba que la Agencia de Seguridad Alimentaria de Reino Unido comenzaría a examinar otros productos como kebabs, pastillas de caldo o ‘avecrem’ y gelatinas. El resultado de las pruebas se publicará a finales de febrero.      

También Asda, segunda cadena de supermercados de Reino Unido por valor en el mercado, se ha comprometido a analizar todos los productos que comercializa susceptibles de contener carne de caballo. Su presidente ejecutivo Andy Clarke ha reconocido que “la confianza de nuestros consumidores se ha visto dañada por el escándalo”, motivo por el que “las distribuidoras tenemos ahora que recuperar esa confianza”. Tesco, la primera cadena de supermercados del país, ya ha adelantado que invertirá entre uno y dos millones de libras en realizar las pruebas de ADN. Ayer jueves, J. Sainsbury, tercera de las cadenas, envió millones de correos a sus clientes para comunicarles que se habían analizado 250 productos sin encontrar ni rastro de caballo.

En cuanto a las causas del fraude, FT nos ofrecía una interesante reflexión. Durante los años del ‘boom’ económico en los que recibió el sobrenombre de ‘tigre celta’, en Irlanda tener un caballo era un símbolo de éxito. Pero tras el ‘crash’ las cosas han cambiado dramáticamente, y el año pasado se sacrificaron diez veces más caballos que en 2008. En EEUU, cada año nacen 100.000 caballos no deseados, mientras que en Reino Unido en 2012,  9.000 cabezas fueron sacrificada para utilizar su carne como alimento. En España también se ha observado un brusco aumento del número de caballos enviados al matadero: según los datos que maneja el ministerio de Agricultura, el pasado año se produjo un incremento del 56%. Todas estas cifras explican por qué ha comenzado a aparecer carne equina en los supermercados, comercializada como si fuese vacuna.                  

Respecto a las consecuencias, también FT ha publicado un artículo de análisis cuyo autor compara la reacción de los consumidores frente a los escándalos que afectan a algunos productos con la actuación de los reguladores. Las empresas afectadas no tienen que preocuparse de las críticas que en un determinado momento puedan producirse entre sus consumidores, ya que suelen ser de corto alcance y rápidamente olvidadas. Es lo que pasó cuando salió a la luz pública el escándalo sobre el pago de impuestos de Amazon, Google y Starbucks en Reino Unido: muchos fueron los llamamientos al boicot, pero tras unas semanas las críticas se difuminaron. Los reguladores, en cambio, son más persistentes, y trabajan hasta que la situación denunciada es subsanada: en ese caso, el parlamento británico ha anunicado que las empresas que no cumplan con sus deberes fiscales serán fuertemente penalizadas. El último ejemplo al que sería aplicable este esquema es el de la carne de caballo, un incidente que probablemente desaparezca de la memoria de los consumidores en breve, pero que provocará algún cambio en las regulaciones del mercado.     

Finalmente, en The Economist se informaba de que el escándalo de la carne de caballo también ha tenido sus beneficiados. Por un lado, el colectivo de los vegetarianos: según una encuesta realizada por la agencia ComRes, el 7% de los interrogados declaraba haber dejado de comer carne tras conocerse el  fraude alimenticio. Otro informe realizado por Consumer Intelligence concluye que el número de vegetarianos ha crecido en las últimas semanas como consecuencia de ese mismo escándalo. Por otro lado, los pequeños ganaderos y carniceros locales, aquellos que en los últimos años han perdido mucha cuota de mercado por la competencia de las grandes superficies, ha visto como sus ventas subían un 15% en el último mes, según los datos ofrecidos por la National Federation of Meat and Food Traders.

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